El desequilibrio de todo
Creo que ella lloraba y creo que no recuerdo muy bien lo que yo sentía. Quizá sólo esperaba. Esperaba que cambiara el mundo, que la humanidad no fuera un cúmulo de seres fríos y despiadados, que yo dejara de integrar ese patrimonio triste que desprovee las palabras de contenido y los sentimientos de esperanza. Pero el mundo no ha cambiado y tampoco podemos creer en los milagros, porque hemos asesinado a los profetas y los ideales, bueno, hace demasiado que los ideales parecen eslóganes publicitarios malvendidos. Afuera en la calle llueve, adentro también, y me cuesta entender a los optimistas. Un optimista mira este gris óvalo desteñido y quiere creer que, tal vez no lloverá. Yo aún no he salido de casa y me estoy empapando. Hay gente que corre, que no sabe pero busca, y no encuentra el sentido a este chiste tan mundano. Se desentrañan dormidos vientres de paraguas, subyace un vetusto hilo de cobre que dirige el destino de todos a cualquier lug...