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Mostrando entradas de abril, 2012

El desequilibrio de todo

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Creo que ella lloraba y creo que no recuerdo muy bien lo que yo sentía. Quizá sólo esperaba. Esperaba que cambiara el mundo, que la humanidad no fuera un cúmulo de seres fríos y despiadados, que yo dejara de integrar ese patrimonio triste que desprovee las palabras de contenido y los sentimientos de esperanza. Pero el mundo no ha cambiado y tampoco podemos creer en los milagros, porque hemos asesinado a los profetas y los ideales, bueno, hace demasiado que los ideales parecen eslóganes publicitarios malvendidos. Afuera en la calle llueve, adentro también, y me cuesta entender a los optimistas. Un optimista mira este gris óvalo desteñido y quiere creer que, tal vez no lloverá. Yo aún no he salido de casa y me estoy empapando. Hay gente que corre, que no sabe pero busca, y no encuentra el sentido a este chiste tan mundano. Se desentrañan dormidos vientres de paraguas, subyace un vetusto hilo de cobre que dirige el destino de todos a cualquier lug...

Kjell Askildsen

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“No soy en absoluto cínico; sólo tengo experiencia… lo que en último término, es lo mismo”. “Tenemos que estar contentos con lo bien que vivimos, dice la gente, la mayoría vive peor. Y luego toman pastillas contra el insomnio. O contra la depresión. O contra la vida.” “Si uno dejara de albergar esperanzas, se ahorraría un montón de decepciones”. “…se aprende mientras se vive, aunque no sé de qué sirve, así, justo antes de morir.” Kjell Askildsen.

Beálogo de disúgos

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¡Broum, broum! Un rugido que parece un eructo aguardentoso, y luego se cala.   Bufidos. El contacto sonando como una carraca masajeando carne picada. –Minta pal, joven. Eso va a ser la cula de la juntata. –Pero eso no es posible, ¡el coche está prácticamente nuevo! Esto… perdone, ¿qué ha dicho que era? –La cula de la juntata, din susarlo. –Oiga, usted habla un poco raro, ¿no? –Ya lo sé, me pasa epiblásicamente desde niño, cuando me excito. En el disléxico me llamaban colegio. –Ah, no sabe cuánto me alegro. Bueno, pues lo que le decía, el coche está recién estrenado, no puede estar averiado. –¿Cuándo dice que lo compró? –La semana pasada. –Pues le recomiendo que vaya a la casa. –¿A qué casa? –A la de empeños más cercana. Le doy un mes de vida a su coche. –Ah, pues muchas gracias por alargarle la vida a mi coche. ¿Cómo adquirió esa habilidad singular? –¿Tanto se me nota que me estoy masturbando con el oscilobatiente de mis orejas mientras habla...

Voy a salir a buscar un trabajo

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No soporta el dolor. Es débil. Primero la quemo con un cigarro. Luego le restriego una piedra pómez. Concienzudamente, le exprimo un limón por encima, para que el ácido actúe sobre las rozaduras. Y parece quejarse. Luego cojo una cuchilla y practico pequeños cortes aquí y allá. No sé por qué se dice “practicar” cortes o incisiones. Yo no practico los cortes. No necesito practicar, ya sé hacerlos desde hace mucho tiempo. Cosas que uno no entiende. Luego hago una pausa. Miro a través de la ventana llover. Hoy hace un día triste. Suspiro. Hay crisis, hambre en el mundo, enfermedades; Políticos, banqueros y hienas que se ríen de nosotros mientras dirigen el timón de éste mundo, que zozobra. Y demasiada melancolía. Más de la que se puede soportar. Además ha perdido el Real Madrid. No sé a qué opio se va a poder agarrar ahora el pueblo. Vuelvo a ello. Ahora la pincho con un alfiler, de cuando en cuando. Su piel está hinchada y las lesiones sangran. Al...

Soñé que era una martucha y mordía a Paris Hilton

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Soñé que era una martucha y recurría a la espeleología de mis propios genitales cuando me venía en gana. Jugueteaba con mi apéndice respingón como prócer financiero con los hogares de un país. Paris Hilton me bautizaba como Baby Luv y yo mordía a la mentecata para demostrarle mi parecer sobre el asunto y también un poco por higiene mental, porque no soporto a las petardas adineradas   –tampoco a las pauperrimizadas–. Paris iba para estulta pero quedó relegada a los puestos de cabeza en la clasificación de vulgares pedorras anodínicas, alumbradas por este mundo hueco, como oquedad cerebral asignada   a honradez de político contemporáneo. Yo me iba por las ramas, un poco por aquí, otro poco por allá, y no reflexionaba mucho, más bien actuaba, como mis esposas en otras vidas sus orgasmos fingieran para que yo de una vez terminara, y no tenía mucho seso, pero en este huracán de zozobra mundial, tampoco lo precisara. Luego me conmovía con las pequeñas cosas: una pequeña for...

Testigo interesado de mi vida

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"Cada vez que me acuesto con Nancy Flower o con la secretaria especial de Robert Kennedy, o con una camarera del Stuart Hotel, salgo del lance con la cabeza llena de imágenes de rotos recuerdos. Después reconstruyo los rostros a partir de los fragmentos y siempre resultan fotografías irreales de vivencias con Muriel. A veces es el peso sostenido y tibio de su cara encajada en el hueco de mi mano. A veces es el espionaje de su respiración. A veces la maraña de su pelo sobre la almohada o sobre la arena de la playa. Una sonrisa. El embarazo de una despedida o una llegada emocionada. No es que Muriel sea mejor o peor que estas muchachas, tampoco su cuerpo era más hermoso, sobre todo si lo comparo con el de la secretaria especial de Robert Kennedy. Muriel, la incómoda Muriel, era un testigo interesado de mi vida y aunque todo interés sea ambiguo y en el interés de poseer yace el sustrato de la destrucción, la posesión abriga como una manta vieja de tiempo, pero llena de la vitalid...

Parece el mundo un supermercado

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Está muy bien. Parece el mundo un supermercado. Las tienen en un catálogo en internet. Es el progreso. Todo informatizado, debidamente catalogado. Las hay blancas, negras, amarillas, de todos los colores. Expuestas y fotografiadas convenientemente: por delante, por detrás, primeros planos, detalles. Te puedes hartar de contemplar sus curvas. De imaginarlas a todas, de lo que harías con ellas si las tuvieras contigo. Así funciona el mercado: inoculando deseo. Uno no sabe que necesita ver la última película de moda o leer el libro más vendido porque desconoce que existe. Es la poderosa maquinaria publicitaria la que introduce preferencias en la elección del consumidor. Puede que el mundo esté lleno de novelas, películas maravillosas que te cambiarían la vida pero, si no son promocionadas adecuadamente, comprensivamente –de modo que lleguen hasta ti– nunca sabrás de su existencia. Yo ahora accedo a un portal de internet y de pronto, experimento la punzada del deseo. Las deseo a todas; bl...

Envejecer es confinar el recuerdo

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Definición gráfica de derrape de camión (me apetecía ponerlo, jijiji). La chica es fea como un mono. Parece un mono, la conozco de vista. Peluda y cetrina. Nariz ancha, cráneo simiesco, sí. Quizás otros se la tirarían, yo no sabría. Yo me vería incapaz de introducirla en un antepasado milenario. Me arredraría el respeto genealógico por la neanderthalidad. Pero así son las cosas del retoque fotográfico hoy día. Nadie es, ni tan feo como en su foto del DNI, ni tan guapo como en su foto de perfil. Hay que buscar un infeliz término miedo (terrorífico) entre dos mentiras bien calibradas, de igual grado y signo contrario. Ella ha puesto algo en su muro y me he fijado en la foto con curiosidad. No la reconocí, claro. Después, constaté el chasco. Asueto. Luego pienso en las mujeres que he perdido, Las pasiones que he vertido, Y un rato cada día Me quedo atontado mirando Por la ventana el cielo de nubes herido, Preguntándome si, empero, Recordarán al tonto que yo he sido. Me figuro que no, clar...

Aprender a matar fue lo más difícil.

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Aprender a matar fue lo más difícil. Las vacilaciones, decía el profesor, generalmente no proceden de una repugnancia natural, sino cultural. El profesor no era alemán, como ustedes podían haber supuesto. Era un ex relojero suizo que había obtenido su sabiduría en la directa contemplación de la naturaleza. –El acto de matar es instintivo, vitalmente lógico. Luego, las inhibiciones se encargan de adulterarlo. Las inhibiciones se disfrazan con una capa de moralidad. Pero en realidad se trata de repugnancia por la mera formalización, desacreditada a lo largo de una educación visual. Recuerden la primera imagen de la muerte que fijaron en su cerebro: Caín, quizá feísimo, con una descomunal quijada de burro en la mano. Abel, barbilampiño, blanco, yaciente. Después la literatura, el cine, todo, tiende a desacreditar la muerte aunque proporcionalmente la avale si la suministra el héroe. Fíjense en que el villano mata sin contenciones, sin límites. En cambio las matanzas del héroe han de justi...

Poema de Ángel González

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Al buscar en google "Ángel González" sale esta foto de las primeras. Me van a perdonar, pero pongo esta foto porque me gusta más que el rostro ajado del maestro, jajaja Cuando estoy en Madrid, las cucarachas de mi casa protestan porque leo por las noches. La luz no las anima a salir de sus escondrijos, y pierden de ese modo la oportunidad de pasearse por mi dormitorio, lugar hacia el que -por oscuras razones- se sienten irresistiblemente atraídas. Ahora hablan de presentar un escrito de queja al presidente de la república, y yo me pregunto: ¿en qué país se creerán que viven?; estas cucarachas no leen los periódicos. Lo que a ellas les gusta es que yo me emborrache y baile tangos hasta la madrugada, para así practicar sin riesgo alguno su merodeo incesante y sin sentido, a ciegas por las anchas baldosas de mi alcoba. A veces las compadezco, no porque tenga en cuenta sus deseos, sino porque me siento irresistiblemente atraído, por oscuras razones, hacia ciertos lugares muy mal ...

Ensenada

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Cuando pienso en las relaciones humanas algunas palabras emergen gradualmente en el panorama: Transitoriedad, variación, tedio; giros de trama. Así son las guerras: se pierde y se gana. Todos resultan magullados. He sufrido bajas, también las he causado. Mis consideraciones filosóficas son tristes porque la filosofía es la ciencia de lo que nunca cambia en nada. Categoría peculiar del pensamiento que se extravía en su ensenada. Y luego comprendes que la vida es un accidente del que nos hemos salvado, por el momento. Que lo que hace valioso a algo es la posibilidad de perderlo. Existir es eso, ser feliz un periodo y otras veces quedar huérfano, en el silencio. Distraer el tiempo, recomponer los pedazos, Hacer una construcción de tu destrucción, de tu caída un ascenso; encontrar el modo y presentar al pasado respetos.

Como un enterrador responsable

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Me levanto al alba, ojeroso y cansado, como un enterrador responsable. Abro el desplegable de mi jornada bien temprano, soy muy disciplinado y trabajador. Desayuno al abrigo de una lámpara minúscula que me aparta del inventario de la oscuridad, que hurga en el corazón del silencio. Luego dar vueltas a esto. A lo otro. Que si esto. Que si lo otro. Así transcurren mis horas. El desperdicio que encarno, la insensatez que personifico. Mi cabeza es una esfera de bingo repleta de bolas que no traerán premio, pero se complace con el vaivén del sorteo, la papeleta inútil, el desvarío escogido. Mi vida es servir a los demás. Y follar. Follar y servir a los demás. O quizás servirlos mientras me los follo, a un tiempo. Que me sirvan para follar, es la medida de mi tiempo. Creo. Pero no resuelvo nada. Y mientras tanto, no decido, que es lo que me aterra. Porque yo soy mis miedos, tengo que decirlo. Miedo a las decisiones. Miedo al vacío de saberme herido. Miedo al compromiso; el compromiso es un d...

El insomnio y Dámaso

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esta noche apenas he podido dormir. será la mala conciencia; será que, en mis sueños, he fracasado. en estos días no sé en qué pensar pero recuerdo a Dámaso: Insomnio Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas). A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo ... en este nicho en el que hace 45 años que me pudro, y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz de la luna. Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando como un perro enfurecido, fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla. Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma, por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid, por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo. Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre? ¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día, las tristes azucenas letales de tus n...

Fragmento del prólogo a Cuaderno de Talamanca

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El hombre considera que tiene derecho a contradecirse, a afirmar y negar las mismas cosas alternativamente según su conveniencia o su capricho, o simplemente su memoria, y a pesar de ello sigue teniendo a la razón en un pedestal y reverenciando a la verdad. Tal vez porque la razón ha inventado la contradicción y no haya nada más contradictorio que la verdad. Sus pasiones son impermeables a sus convicciones porque ni las unas ni las otras son sinceras, no son más que deseos y opiniones, y en la mayoría de los casos ni siquiera propios. Y a esa conciencia de que nada nos pertenece es a lo que no puede resignarse el hombre. Dicho de otro modo: el hombre puede resignarse a todo menos a la nada. Y la resignación es una forma de creencia como la creencia es una forma de resignación. Naturalmente, creer en nada es un contrasentido. Sólo prospera, sólo fructifica, lo que se hace a medias. Las medias verdades son más digeribles por el hombre que la verdad desnuda, que suele serle indigesta. Un ...