No me entrego desollada Por Silvina Giaganti No sé si lo sabías pero cuando te vi parada en la esquina de Córdoba y Gascón se me alteró de golpe la composición del cuerpo. Estabas con tres amigos y tenías una botella de cerveza chica en la mano, yo llegué y me paré a la izquierda de la entrada de Dasein, hasta que te acercaste a la puerta y entré al lugar mirándote de refilón. Cuando las organizadoras del evento me pasaron los más de sesenta textos para hacer una selección me hipnotizaron los tuyos. Eran dos, uno hablaba de perros y el otro de una moto, de líneas que fugaban por acción de lo veloz y de galgos desamparados. Estaban escritos con la ausencia de estridencia y con la frescura de una persona que imaginé bella. Te busqué en la red social, vi tu foto de perfil sentada en el pasto y mirando para abajo y confirmé que eras hermosa. Y te pedí amistad. No sé si lo sabías, pero cuando subiste al lugar montada en esos borceguíes negros por esa escalera de madera oscura y crujie...
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"El Triunfo" - Clarice Lispector
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El reloj da las nueve. Un golpe alto, sonoro, seguido de una campanada suave, un eco. Después, el silencio. La clara mancha de sol se extiende poco a poco por el césped del jardín. Trepa por el muro rojo de la casa, haciendo brillar la hiedra con mil luces de rocío. Encuentra una abertura, la ventana. Penetra. Y se apodera de repente del aposento, burlando la vigilancia de la cortina leve. Luísa sigue inmóvil, tendida sobre las sábanas revueltas, el pelo esparcido sobre la almohada. Un brazo aquí, otro allí, crucificada por la languidez. El calor del sol y su claridad llenan el cuarto. Luísa parpadea. Frunce las cejas. Hace un gesto con la boca. Abre los ojos, finalmente, y los fija en el techo. Lentamente el día le va entrando en el cuerpo. Escucha un ruido de hojas secas pisadas. Pasos lejanos, menudos y apresurados. Un niño corre por el camino, piensa. De nuevo, el silencio. Se divierte un momento escuchándolo. Es absoluto, como de muerte. Naturalmente, porque la casa es...
Ídolos
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Pienso en ídolos: Rimbaud, Jim Morrison, Kurt Cobain, Bob Marley. Todos muertos antes que yo. Todos hechos mierda, hastiados de su vida en algunos casos. Yo también estoy cansado, Aunque no (aún) de mi vida. Existir sigue teniendo su encanto la supervivencia no está tan mal si uno contempla las alternativas. Quizá no llegásemos a ser genios, Ni tuviéramos un talento torrencial e incuestionable y nuestras existencias sean absolutamente estériles, mediocres o inservibles. Lo mismo da, mejor seguir viviendo ante la posibilidad de lo incierto que arder y quemarnos en la pira de nuestro propio infierno. La vida es una especie de broma atroz, de mal gusto. Pero, al cabo, sólo tenemos éste tiempo, que malgastamos como ineptos casi en todo momento. Nadie dijo que debiéramos ser genios. Además debe ser cansado exprimir un talento esquivo todo el tiempo. Y, por supuesto, muchos simplemente carecemos de él. Nuestra mediocridad es, también, una...
E. B. n.º 20, XII-1996
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ENTREVISTAS BREVES CON HOMBRES REPULSIVOS E. B. n.º 20, XII-1996 NEW HAVEN, CONNECTICUT —Y, sin embargo, no me enamoré de ella hasta que contó la historia de aquel accidente increíblemente horrible en el que fue brutalmente asaltada, secuestrada y casi asesinada. P. —Déjame que te lo explique. Me doy cuenta de lo que puede parecer, créeme. Te lo puedo explicar. Mientras estábamos juntos en la cama, después de haberse acordado por alguna razón, me contó una anécdota sobre un día en que estaba haciendo autostop y la recogió alguien que resultó ser un delincuente sexual psicótico en serie que la llevó a una zona solitaria, la violó y casi con seguridad la habría matado si ella no hubiera sido capaz de mantener la cabeza serena en aquella situación de miedo y ansiedad terribles. No le importó lo que yo pudiera pensar sobre la calidad y el contenido de las ideas que le permitieron persuadirlo para que la dejara viva. P. —Ni yo tampoco. ¿Quién lo haría hoy en día, en una época en que todos...