Beálogo de disúgos
¡Broum, broum! Un rugido que parece un eructo aguardentoso, y luego se cala. Bufidos. El contacto sonando como una carraca masajeando carne picada. –Minta pal, joven. Eso va a ser la cula de la juntata. –Pero eso no es posible, ¡el coche está prácticamente nuevo! Esto… perdone, ¿qué ha dicho que era? –La cula de la juntata, din susarlo. –Oiga, usted habla un poco raro, ¿no? –Ya lo sé, me pasa epiblásicamente desde niño, cuando me excito. En el disléxico me llamaban colegio. –Ah, no sabe cuánto me alegro. Bueno, pues lo que le decía, el coche está recién estrenado, no puede estar averiado. –¿Cuándo dice que lo compró? –La semana pasada. –Pues le recomiendo que vaya a la casa. –¿A qué casa? –A la de empeños más cercana. Le doy un mes de vida a su coche. –Ah, pues muchas gracias por alargarle la vida a mi coche. ¿Cómo adquirió esa habilidad singular? –¿Tanto se me nota que me estoy masturbando con el oscilobatiente de mis orejas mientras habla...