No sé qué más, ¡chapter Tree! (¡capítulo arbóreo!)
(¡Dale al play antes de leer para ambientar, calamar!) Ah sí, Leñe. Me desperté en la cama empapado. Y también sudando. Me limpié con las sábanas, como mandan los cánones del savoir faire post-seminal. Luego recordé la trágica historia del tío Eufrasio, que tuvo un viaje astral del que jamás regresó del todo debido a la trágica ingestión de una chufa lisérgica que le tuvo quince años en estado vegetativo y expresándose sólo en bable los días de luna llena en los años astrales de la rata diabética del Uzbekistan. ¡Menudo viaje! Mi madre, Suetonia, siempre nos metía miedo con aquella cercana historia familiar para que no experimentáramos con las drogas. Por lo que pudiera pasar. Al final tiramos por lo seguro. Rehusamos la lisergiquez. Yo me aficioné a esnifar caspa soriásica de las hombreras de mis ídolos rock cuando asistía a sus conciertos y mi hermana, Genitales, se inyectaba emulsión de salsa pil pil en las venas varicosas de glúteos y papada. Para tentar al vértigo celulítico, sup...