Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como No sé qué más

No sé qué más, ¡chapter Tree! (¡capítulo arbóreo!)

Imagen
(¡Dale al play antes de leer para ambientar, calamar!) Ah sí, Leñe. Me desperté en la cama empapado. Y también sudando. Me limpié con las sábanas, como mandan los cánones del savoir faire post-seminal. Luego recordé la trágica historia del tío Eufrasio, que tuvo un viaje astral del que jamás regresó del todo debido a la trágica ingestión de una chufa lisérgica que le tuvo quince años en estado vegetativo y expresándose sólo en bable los días de luna llena en los años astrales de la rata diabética del Uzbekistan. ¡Menudo viaje! Mi madre, Suetonia, siempre nos metía miedo con aquella cercana historia familiar para que no experimentáramos con las drogas. Por lo que pudiera pasar. Al final tiramos por lo seguro. Rehusamos la lisergiquez. Yo me aficioné a esnifar caspa soriásica de las hombreras de mis ídolos rock cuando asistía a sus conciertos y mi hermana, Genitales, se inyectaba emulsión de salsa pil pil en las venas varicosas de glúteos y papada. Para tentar al vértigo celulítico, sup...

No sé qué más (chapter tú)

Imagen
(Dadle al play antes de leer, ¡perros Sarracenos!) ¡Ah, sí! Ya me acuerdo de qué más. Proseguí con mis reflexiones de ultrarumba. Se me iba a arreguñar el cacumen de tanto pensar del tirón. No sé por qué razón, evoqué la vez que más había llorado de tristeza en mi vida. Fue en el festival de Benicassitecaesporunpeñascomendrugo. Aún sentía, como celulitis en las anfractuosidades del alma, las lágrimas de dolor que me asaltaron cuando anunciaron por megafornica que se cancelaba la actuación de Donato y Estéfano. El camello que me vendió el peyote con el que intentaba sobreponerme de tan ominoso desajuste en el corazón me miró compasivo y me dijo: “Son cosas que pastan. En la pradera. Del dicho al hecho, berberecho. Be-derecho. Que sino te saldrá joroba. Y no querrás darle ese disgusto a tu madre, ¿verdad? Mal rollo. Luis XV”. Atendí a sus sabias palabras, me erguí ostentosamente y dejé de ser monárquico en el acto. Mientras, en algún otro lugar allende los suburbios de la ciudad, Honorat...

No sé qué más

Imagen
(Que le deis al play antes de leer, ¡zangolotinos! ¡Sus lo tengo dicho!) Con suma delicadeza me la cogí y traté de no echar ninguna gota sobre la tapa. Lo conseguí fácilmente echando todo fuera. Mi madre estaría orgullosa (si me hubiera abortado retroactivamente al ver mi careto salir). Luego me limpié la última gotita en el calzoncillo como mandan los tratados de buenas maneras. No es casual que luego se queden amarillentos por la zona esos slips remeados en un bucle sin fin. Salí de mi propio autorretrete y me sacudí la huevada profusamente. Me sentía fresco, puro, habano, tabaco de pipa. Por fin la vida comenzaba a sonreírme. Me había hecho una camiseta con la que sólo podía triunfar: NENA, AHORA QUE AL FIN ME HE RECUPERADO DE ESA MALDITA GONORREA, ESTOY LISTO PARA TU AMOR. Todo parecía resuelto y en orden. Mi endocrino me había dado tres semanas de vida. No entendí muy bien cómo había adquirido el don de alargar la vida de sus pacientes a su antojo, pero decidí no hacer preguntas y...