El cierre húmedo de tu sexo
Pero estoy atado. Escucho esta triste melodía como un preso entre los barrotes de tu impasibilidad al negarme tu imagen en la soledad de mi habitación. Todos terminan por acostumbrarse a las dependencias vacías del recuerdo. Como un carroñero me aferro a lo poco que aún poseo. Tú tendrías el pasaje a la isla desierta de mi deseo en forma de cuerpo joven ensortijado como una serpiente sobre un sofá de invierno. Mientras, una diminuta cámara tortura al reo. Mi pobre patrimonio, un puñado de palabras que arañan la superficie de tu impasibilidad. Posees la certeza de un poder que, de ser ejercido, te llevará al lado oscuro de los condenados por el exceso. Naturalmente hambriento de imágenes más allá de la mente o los hechos. Decirle a un sediento que bebiendo en un oasis va a disfrutar tanto que no va a querer volver al desierto es asesinarle despierto: Irrigar un erial vacío con el espejismo de lo incierto. Podrías crear una instantánea. Tal vez una en donde el objetivo pudiera contemplar...