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Mostrando entradas de diciembre, 2011

El cierre húmedo de tu sexo

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Pero estoy atado. Escucho esta triste melodía como un preso entre los barrotes de tu impasibilidad al negarme tu imagen en la soledad de mi habitación. Todos terminan por acostumbrarse a las dependencias vacías del recuerdo. Como un carroñero me aferro a lo poco que aún poseo. Tú tendrías el pasaje a la isla desierta de mi deseo en forma de cuerpo joven ensortijado como una serpiente sobre un sofá de invierno. Mientras, una diminuta cámara tortura al reo. Mi pobre patrimonio, un puñado de palabras que arañan la superficie de tu impasibilidad. Posees la certeza de un poder que, de ser ejercido, te llevará al lado oscuro de los condenados por el exceso. Naturalmente hambriento de imágenes más allá de la mente o los hechos. Decirle a un sediento que bebiendo en un oasis va a disfrutar tanto que no va a querer volver al desierto es asesinarle despierto: Irrigar un erial vacío con el espejismo de lo incierto. Podrías crear una instantánea. Tal vez una en donde el objetivo pudiera contemplar...

Amor eterno

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A aquellos que creen en el "amor eterno", tal vez les sorprenda esta forma alternativa de entender dicha eternidad: "El amor es algo que muere. Y cuando muere se pudre, pero puede servir de humus para un nuevo amor. De modo que aquel amor ya muerto continúa viviendo una vida secreta en el nuevo amor, y así nos hallamos con que el amor es inmortal." Par Lagerkvist. El enano.

Sexo telefónico

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Tener sexo telefónico es peligroso porque se puede correr la voz.

Algunos poemas de Philip Larkin

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Pesada de flores, la cabeza Pesada de flores, la cabeza Para siempre en torno a una cama sin tormentas Manos que el corazón podría gobernar Estarán al final por oscuras manos compuestas Cada sentido regocijado Disperso hasta el silencio El sol lo arrastra lejos. Y todos nuestros recuerdos espléndidos Escapan lejos de la inquietud de la estación Para recostarse sobre la faz de la tierra Que le diera nacimiento. Como manzanas caídas, han perdido Su dulzura al golpearse, Y luego marchitan. Si las manos pudiesen liberarte, corazón Si las manos pudiesen liberarte corazón ¿Adónde volarías? ¿Lejos, lejos de todo, de toda parte Terrestre bajo el cielo correntoso Te volverías desolado? ¿O cruzarías Ciudades y montañas y mares Si las manos pudiesen liberarte? Yo no erraría mi juicio Mientras pudiera correr A través de campos y socavados valles, tomar Todas las bellezas bajo el sol Aún en definitiva pérdida: No encontraría ni una cama, ni un brazo tendido Donde descansar mi cabeza. Esta es la pri...

Arpegio de peces extraños

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Pasó hace unas diez horas. Salimos precipitadamente hacia el hospital porque papá estaba siendo reanimado de un paro cardiaco. Mi hermana iba en el coche conmigo, muda, pálida, sacudida como el margen de una orilla por el tumulto de una estampida. Le pregunté si podía poner una canción de Radiohead. "Arpegio de Peces Extraños" comenzó a sonar y, por primera vez, aquella música no escapó de mí. Cada sonido latía con fuerza en mi mente. Las letras parecían querer decir lo que mi padre no pudo: "Es cierto, todo el mundo se marcha, si tiene la oportunidad". Cuando alguien cercano nos deja, tenemos que confrontar nuestra propia mortalidad. Tenemos que asomarnos al vacío. Mientras, esperamos aquí, mirando el granizo de los hechos golpear a la vida, deformarla poco a poco, erosionando los corazones hasta el día en que el amor sea lo único que nos quede. Finalmente, papá no lo hizo. No se fue. Supongo que en lugar de eso, resistió la caída, cogió impulso golpeando el fondo ...

Pasaban cosas

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Pasaban cosas. Siempre estaban pasando cosas. Pero casi nadie se daba cuenta. Un día, en el río, Rupert miró la oscura corriente y notó cómo desde el agua, ocultos por una sombra opaca, los ojos de las burbujas grises miraban a los hombres. Otro día se escondió astutamente para espiar a las veletas, que, aprovechando el opaco velo de la noche cerrada, abandonaban los tejados para señalar clandestinamente destinos que jamás conocería el hombre. Descubrió que los objetos inanimados poseían vida. Lo único que ocurría era que los seres humanos eran demasiado torpes y estúpidos para entender sus movimientos; para comprender que no hay una sola verdad, sino múltiples, y que a veces, creer que sólo existe una senda para llegar a tu destino es la manera más efectiva de perderse. Las personas solían extraviarse en lo sencillo, ¿cómo pedirles pues que se dieran cuenta de la realidad que subyace tras montañas de estupidez y mentira? Pero Rupert era distinto. Siempre lo fue. Tenía el don de una p...

El problema de Pitágoras

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Pitágoras estaba con un problema y no conseguía resolverlo. Además no paraba en su casa. Su esposa, Enusa, se aprovechaba de la situación y copulaba con cuatro paletos del pueblo vecino. Un día, Pitágoras, cansado, volvió más temprano a su casa y encontró a Enusa en flagrante acción y mató a los cinco partícipes de la orgía. A la hora de enterrarlos, en consideración a su esposa, dividió el terreno por la mitad y en un lado enterró a la esposa. El otro lado lo dividió en cuatro partes y enterró a cada pueblerino en un cuadrado igual; de esa forma los cuatro ocuparon un espacio idéntico al que estaba enterrada su esposa. Subió a la montaña al lado del cementerio para meditar y, mirando desde la cima hacia el cementerio, encontró la solución a su problema. Era obvio: el cuadrado de la Puta Enusa era igual a la suma de los cuadrados de los catetos.

Cohen Dixit

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“Lo único necesario para ser generalmente amado, era publicar las propias ansiedades. Toda empresa capital de arte es un calculado despliegue de sufrimiento.” Leonard Cohen.