Dicen que el tiempo lo borra todo... Pero es mentira, no borra el gotelé. Ahora que me has echado, melancólico, rasco las paredes rugosas del trastero en que habito por la crisis: una dermis de alquiler. A veces recuerdo tu piel, cómo era entonces, cuando la acariciaba, cuando te rascaba como a un gatito y me vengo abajo. Pero hay que seguir, no existe otra manera. Siempre ocurre así. Las cosas duran un tiempo y después terminan. El ser humano coexiste en ciclos; la vida tiene sus fases. Nuestra naturaleza propia nos remite a un constante cambio, no sé por qué la gente lucha toda su vida contra eso. Parecen obstinarse contra el devenir natural de las realidades colectivas. Aspiran a una estabilidad universal; un trabajo fijo para toda la vida, una relación sentimental perdurable y una prole de filiación propia –y, por tanto, vinculada a nuestro ser perpetuamente, al menos, biológicamente hablando–. Y más veces de las deseadas, yerran en pos de un sueño inventado que no hace honor a la...