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Mostrando entradas de noviembre, 2011

Refundando el capitalismo

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El ladrón del tiempo

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No puedo creer en qué me he convertido. Mi conciencia pecuniaria necesita un justificante de pago. Mientras, mi corazón se declara insolvente. Es la crisis. Claro. ¿Qué va a ser si no? Hoy no nos quedan domingos por la tarde, ni conciencia social, ni agravios, ni deseo, ni tristeza ni multas de tráfico. Bueno, puede que multas sí. Para no olvidar el altruismo de circunvalación; el voluntariado de extrarradio. Para permitir apurar un poquito más el legado de Midas en los ayuntamientos. Cuando entro en los servicios públicos, según meo, un tipo entra en un retrete, echa el cerrojo y se pone a hablar. Parece una conversación. Un largo parlamento. ¿A quién o qué le estará hablando este filisteo? Lo normal es pensar que le estará hablando a su canario, pero no. Le habla a su soledad, que se ha vuelto una grande y libre, como la crisis. Como el desespero de una mosca tratando de huir de un pastel de merengue. Este es el fango en que nos solazamos. En un mundo desolado, carcomido por el amor ...

Existe una alternativa a la masturbación, pero habla demasiado

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No me gusta esa chica. Tiene nariz de cocainómana. Así, con las aletas de la nariz muy ensanchadas. Como pequeños cráteres. Me da repelús. La otra no está mal pero es rumana o estonia o de no sé dónde. Señoritas que se quieren casar por los papeles. Hay una sudamericana bastante guapa. Chiquitita. Tiene novio pero está abierta a conocer gente. Nunca se sabe. El problema es que cada vez que leo las cosas que pone en su perfil, un escalofrío me recorre el perímetro escrotal. Ella es ultra católica y da gracias a su "diosito del alma" todos los días por ser tan bueno con ella. Da gracias por tener unos amigos tan geniales. Por tener una familia tan unida y santa. Por tener trabajo. Joder. Tira para atrás. Me pregunto si cuando su novio se cuaja en el sofá viendo la peli del viernes noche, le da gracias por ese hedor a putrefacto tan generoso y duradero. Así pierdo yo el tiempo. Eso cuando no me quedo atocinado, vislumbrando el infinito en las pelotillas de la alfombra o la trasc...

Confesiones de un gusano

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Sentado en la acera mojada, echo un cigarrito. Espero. Observo al gusano que sale cuando llueve, cuando se dejan caer las gotas como bombas sobre Berlín. Gusano gordo, lento, viscoso. Tan frágil, tan silencioso. Me gustan los gusanos, tan próximos a la nada y sin embargo tan reales. Aún queda tiempo y todo puede pasar, pero la promesa de renacer, de la crisálida, ondea en la sombra de tus retorcimientos. No importa el gusano, sólo el flamígero tumulto del viento. El horror de vivir en lo sucesivo. Como siempre, está todo listo. Sólo falta la víctima. Pito, pito, gorgorito… Por eso me zambullo en la noche despeinada. Por eso enumero los cuerpos que encuentro en la fosa común de la vida. Como un funcionario del tercer Reich durante el recuento. Elijo a alguien. Aniquilo el libre albedrío, como un boleto de lotería obsoleto. Parado frente a la discoteca, presiento una víctima. De nuevo, vuelve a pasarme. Siento que tengo que hacerlo. Siento que es ella. La elegida. Me carcome el impulso: ...

Cazando

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Periodo Magdaleniense. Cae la tarde en Altamira. El joven Ugu deglute su desdicha. Ñara no quiere. Eso da a entender. Sutilmente. Gruñidos guturoides mediante. Si se pone pesado, pellizcándole el triángulo boscoso del pubis con un pico de garza o seccionándole una tetilla con un aparejo de sílex. ¡Menudo carácter! Qué hacer. Sin tele. Sin fútbol. Sin Internet. Sin cerveza. Sin deudas, con lo entretenidas que son. ¿Por qué no querrá? Contempla el prado melancólicamente. Imagina miles de criaturas, pequeños animalillos, roedores, mamíferos ungulados, insectos, todos ellos dale que te pego, cruje que te cruje, soslayando el tedio. Algunos apenas mayores que una mota de polvo, pero todos dotados de una providencial capacidad para el jinque. Y él allí, asuetoso, pelando la pava. El cuello de pavo, más bien. Se sacude la comadreja entre lágrimas de incomprensión. Es tanto el deseo y tan paupérrimo el consuelo manubrial. Se aburre. Juega un rato a hacer chispitas con dos pedrolos de pedernal....

Salvo en éste caso

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Katy da a luz a dos mellizos, uno negro y otro blanco. Y Koné piensa en asesinar a Katy. Tan vulgar es. ¡Ay la vida, qué reveses tiene! La de veces que se habrá contado la clásica broma del tipo blanco que es corneado sin saberlo y cuando nace el retoño se descubre el pastel. De chocolate. Y ahora lo mismo, pero al revés. En este caso al revés, porque Koné es negro. De Liberia. Y su pastel es merengue: un bastardo del Real Madrid. Hay que joderse. Koné que tanto ha vivido, que tanto miedo ha visto refulgir como vómito de bulímica en las pupilas de sus víctimas. Koné fue mercenario. Participó en conflictos armados. Por dinero, claro. Irak. Antigua Yugoslavia. Colombia: su programa estatal contra los cárteles. Finalmente, Costa de Marfil. Conculcó derechos humanos. Dificultó el derecho de autodeterminación de los pueblos. Reprimió manifestantes pacíficos. Masacró población civil. Con desdén. Como quien libera un pedo silente sobre el suave lino de un cojín terso. Como quien aplasta una h...