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Mostrando entradas de octubre, 2011

Soy una marioneta en una cuerda solitaria

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Soy una marioneta en una cuerda solitaria. Olvidada. Colgado de una estrella intermitente acaricio en mi mente tu recuerdo. Mientras naciones enteras se declaran la guerra como buenos hermanos y el dinero gobierna al mundo, como la mierda al moscón cojonero. Mientras el sistema agoniza y nosotros lo prefiriéramos bien muerto. Hoy, que los niños de ocho años tienen cuenta de Facebook, de Twitter. Hoy que viven umbilicados a su iPod, iPhone, iPad, mientras yo oscilo en mi juguetona memoria la peonza de mi pasado. Las chapas. El yoyó del tiempo franqueado. Luego, frente al espejo, contemplo al homúnculo gris que vuelve al trabajo vestido de fracasado. Hoy que el tercer mundo es veinte veces el primero, pero seguimos exprimiéndolo como un pomelo. Hoy que ni la sangre que vertemos merece el sacrificio del carnero. Hoy que los empresarios pretenden hacer a los calvos cortes de pelo. Hoy que del aliento de los poderosos emana Zyklon B y genocidio obrero. Hoy, espero.

Apretando

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Apretando, apretando, jodiendo, que es Gerundino, no Jacobino. Esos no, que esos eran los malos. Venga a guillotinar cogotes. (Nunca de merluza.) ¿O eran los Girondinos? Mecachiiiis. Mi cultura hace aguas. Desde hace algún tiempo. Como dijo Vázquez Montalbán, hasta los treinta años no es necesario tener memoria. Luego sí, o te vuelves un enano. Un enano intelectual. El saber es limitado, pero el desaprender nunca descansa hasta habernos enterrado. A partir de ahí, poca cosa. Apenas conocemos cabello, uñas y gusanos. Qué filantrópicos ellos. ¡Qué insigne trabajo! ¡Remordedores de conciencia en descomposición! Haciendo aguas. Ella sí que hace aguas. Me acomodo en la balsa trémula. Mi remo de ingle en su piélago ahumado. Qué bonito es el amor. Cuando se hace. Con uno mismo o contra el infeliz de al lado. Apretar, apretar. Bombear. Empotrar. Sexo. Sexo a raudales. Uno de los dos pretextos para seguir vivos. El otro, La muerte. Ella gime. Yo soy fuerte. Por un instante leve. Por un dejarse ...

Mi coño de la guarda

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Lámeme. Lámeme esta noche y no vuelvas. Ojos como escarpias. Dedos arteros sisando la tibieza del cuerpo. Como la cellisca a la dermis de un cisne en invierno. Aquella puta. Mi puta ovárica: mi coño cosmológico. Mi musa. Una balsa de humanidad entre tanto esperpento. Entre tanto circo. Entre tanto cuento. Poesía eran los contornos al viento de su vestido. Tenía un coño como el Hermitage. De dominio público. Era la feminidad misma. Años luz del engendro sintético ese de Carrie Bradshaw. El desierto del Fez aún anda sacudido por las alucinaciones que produjo su radiante cuerpo en la mirada de los Bereberes perdidos. El estanque sinuoso de su cintura. El oasis fértil de su ternura en un mundo desvalijado por cuervos y políticos: economistas del descuido. Ella conocía la verdad: lo esencial es invisible a los ojos. Lo esencial está en el interior. De los calzoncillos. De la billetera: del estiércol. Lo más bonito de las personas está en su interior. Quizá esa frase fue suya. O de Jack el D...

Son demonios tus ojos

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"Son demonios tus ojos. Con los que escribes." Eso decía el parco mensaje de Facebook. Y nada más. No conocía al destinatario. Un comunicado extraño. Un nombre ajeno. El rostro de un tío. Uno cualquiera. Uno hueco. Sintético: glacial. Transmisor de un invierno interminable, azul polietileno. Pasado ónice, menfita, ágata: corazón exprimido. Tal vez fuera un maricón, se dijo. Tal vez fantasee con que nos hagamos pajas algún día el uno al otro, junto al fuego, sobre una tupida alfombra de pelo, en alguna casa rural con encanto neutrino. Pajas laxas. Repletas de cariño. En una postal de ensueño mientras afuera nieva y escarban los animalillos: mientras son devorados. Por el frío. Sí. Probablemente alguien que se expresara así, con poesía nauseabunda que afloraba como roña debajo de las uñas, supiera más de una anécdota con pollas que poder contar a aquellos nietos que nunca tendría. También tenía una solicitud de amistad del desconocido. "_____ quiere ser su amigo en Faceboo...

Aletas y carracas: binomio satánico

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Mientras yo me remojaba decidido surcando las frías agüitas oceánicas, libre como un pajarraco en un vertedero, suelto como un estómago diarréico, algunas parejas de mediana edad, sus críos llorones y más de un viejales de nívea orografía dérmica, se lo pensaban muy mucho. Bueno, los niños no se lo pensaban. Más bien eran sus padres, desconfiados, los que no lo tenían muy claro. Que si aguas profundas. Que si qué miedo, que no se ve el fondo. Que si está muy fría. Que si me mojo el moño. Que si nos dicen "no se alejen mucho de la embarcación" por algo será. Que si algún depredador marino suelto y adiós al invento. Joder con los miedos. Es lo que tiene el pacífico, señores: te zambulles o no. Es lo que tiene la vida: te mojas o no. Y la gente tiene infinitos asuntos de qué preocuparse. No pueden permitirse la asunción de muchos riesgos. Hipotecas. Letras del coche. Sanguijuelas a su cargo. Paquetes de viajes transoceánicos en modalidad de pago aplazado. Dolores de muelas. Dolo...

Sólo lo entienden los muertos

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Oh sí, nena. Serás una mujer pronto. Miro tu culo de mal asiento. En los callejones, en los centros comerciales, en la cafetería, en el metro. Todas son una porque uno mismo es el deseo. La belleza, gran invento. Ellas: ella. Una efigie escultural, símbolo del esplendoroso pasado mesopotámico perdido. Una bomba de relojería auspiciada en el alicatado del rostro maestro. En la sinuosidad del aspídico contorno. Estás inmersa en la flor de todo, en la odiosa supremacía de lo perfecto. Acaparas la brutal belleza, la detienes en el tumulto de la eternidad, como un oasis en medio de este cráter infecto en el que nos ajetreamos. Tienes eso. Eso que tan episódico resulta, que tan pronto se desvanece, como la creencia de un futuro en nuestras manos. Al menos eso te pertenece. Dure lo que dure. ¿Y nosotros, el resto, qué cojones tenemos? ¿Qué nos queda? los demás nos debatimos en un medio hostil. Decadente por aburrimiento. El común de los mortales ofrecemos ordinariez: una picha de ocasión. Sie...

Si te paras a pensarlo

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Qué wena está esta tía. ¿Será un dibujo? Me la raspa. Leo el periódico. Me aburro. Estoy resacoso (vaya novedad). Soy oficinista. De baja extracción laboral. Mínima responsabilidad. Máxima ociosidad. Algo habrá que hacer para llenar las horas. No puede uno matarse a pajas en los urinarios. Todo tiene un límite. Una o dos peras como mucho y ya se está servido. Salvo que seas un jodido babuino, que no es mi caso. Y aún así, es triste tocarse el ukelele en un cubículo de 1x1,50 a la espera de que el esperma transmute en trascendencia. No nos engañemos. No suele ocurrir. Noticias. Novedades. Leamos el truño de periódico gratuito. "Secuestran a dos cooperantes españolas tras un tiroteo en Kenia". Es lo que tiene ser cooperante. El mundo está lleno de buenas personas y mira cómo está el mundo. Ayuda a tu prójimo y el prójimo te lo recompensará cagándote en la cara. Es triste pero es así. El altruismo es una modalidad de conducta humana infinitamente menor numéricamente que el egoís...

Sentado en la calle solo y llovía

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Sentado en la calle solo y llovía. No sabía en qué pensar, aunque, naturalmente, pensamos todo el tiempo, un poco por defecto. Aunque no lo pretendamos, cuando no vegetamos. Recordaba algunas mujeres extrañas a las que había mirado a la cara por la parte de las raíces. Cómo alguien que un día te gustó puede volverse con el tiempo desagradable a tus mismos ojos. Cómo empezó a apretar la lluvia. Cómo empezó a oscurecerse el vacío de las horas yertas. El pavimento aún no sabe hacer compañía. El asfalto nunca conoció el calor que vierten unos senos sobre la faz de un sediento. Intenté meterme por un callejón para evitar el naufragio. Al pasadizo daban algunas salidas de cocinas y comercios. Olía a de todo a un tiempo, y la miscelánea no confluía en algo muy agradable. Además, casi siempre se puede hallar detrás de toda industria o negocio el hedor humano que subyace. Cuando alguna vez entraba en unos baños públicos, los de algún edificio, solía recibir esa vaharada como a cisterna. Como a ...