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Mostrando entradas de octubre, 2010

Cáncer

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Ella entró en mi vida de improvisto, enfermándola. Intenté todo para subsanar el daño. Intenté extirparla. Pero fue mi cáncer y el tejido necrosado del tiempo que tuvimos juntos me acompañará por siempre. No importa cuánto lo intente. Lo que viene de la oscuridad regresa siempre a las tinieblas.

Esta nada sin tregua

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(El que no le de al play... ¡gay!) El cantante melancólico, en su habitación. Escuchando una canción de Gloria Estefan. Lágrimas como pétalos cercenados de sus ojos. Lo que no tenía claro era si acudían a sus ojos por haberse emocionado o por estar escuchando a Gloria Estefan en la intimidad. ¿Tristeza o vergüenza propia? Jamás confesaría tamaño desliz emotivo. Cogió la guitarra y comenzó a sacar los acordes de la canción. En poco tiempo aprendió la estructura. Atendió después a la letra, víctima de su desamparo interior. De la angustia de saberse conmovido ante semejante mariconada. Parecía mentira que se emocionara escuchando cosas así. Se estaba haciendo viejo. Perdía facultades. Se reblandecía. Como un sabañón largo tiempo en remojo, su integridad se desmoronaba. “Tengo una frase colgada entre mi boca y mi almohada que me desnuda ante ti”. Vaya, se dijo, o sea que Gloria es una muerdealmohadas de las buenas. Le va la mandanga. Y el bueno de Emilio (pensando bien), todo un soplacuel...

Pajaritos

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Pío, pío. Que yo no he sido. Pío. Pío. Pajaritos. El disturbio que no cesa. Niños que no descansan. Vehículos que nunca se detienen. Mañanas que no hallan fin si no desnudan el ocaso en pos de una nueva alborada. Muerte en la carne. Cirrosis en las circunvoluciones varadas de un espíritu hueco. Desconcierto en los compartimentos viciados del alma. Bebo, luego insisto. Afónico de cantar Camilo Sexto. Me repito. Palimsesto. Del sentido trágico de la bebida. Destierro hepático. Tártaro en vida. Deceso de frenopático. Objetor de cogorza. A beber que son dos días. A veces siento un pinchazo. No me doy por aturdido. Pero no en la conciencia ni en el alma, sino en el costado. Si es el derecho, estás jodido porque es del hígado. Si es en el izquierdo como en mi caso peor, porque ahí está el páncreas, y eso no se opera. Es el laboratorio del cuerpo. Si falla, cuando te quieres dar cuenta estás en una urna y te esparcen al viento. Con un poco de suerte puedes meterte en los ojos de algún peatón...

En mi sueño siempre es verano

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(Trucha el que no escucha) En mi sueño siempre es verano. Está ese sol, enorme como llaga de corazón harto de desamor. Ese salitre imperante. Esa brisa que desnuda el alma del vencido antes de presentar batalla. Esa armonía cosificada, ese equilibrio inexistente. Esa inmortalidad quebrada. Nebulosa. Algo parece viciado en el engranaje, de tan puro. Por eso es un sueño. Por eso es la realidad. Otra realidad. Todo es inconexo de un modo hermoso, trágico. Tal vez sea el encanto funesto de lo que podría haber sido. El sonido de las olas meciéndose suavemente sobre el añil manto del mar en calma. Iniciando el ceremonial decadente de las mareas que comienzan en el zócalo de nuestro dolor más íntimo y encuentran su muerte en el litoral de los porvenires más equívocos. En aquel sueño no existían barreras. Lo nuestro era posible de un modo natural. Nuestros turbios negocios. Oscuro objeto de deseo ser tuyo. Desgárrame. Destrúyeme. Jode las barreras. Hagamos una construcción de nuestra destrucc...

Tiovivo

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(¡Dale al reproductor, moñigo de alcanfor!) Una luz resplandeciente. Impróvida. Durante un haz de tiempo la habitación se ilumina. Después se apaga. Probablemente algún coche cruzando a gran velocidad. Tumbado en la cama, en silencio. Esperando. En ocasiones la vida es eso. Tantas veces. Es salir con certeza de Nochevieja esperándolo todo y nada. Y nada. Pues nada. Su cabello. Su olor. Su rastro. El vacío que deja dentro de uno cuando abandona las habitaciones. Es la tensa espera. El no sé bien qué, que no cesa. Tener o no tener. Lo que se ha ido perdiendo. Lo que nunca volverá. Lo peor del desengaño. Temer que al punto final de los finales no le sigan dos puntos suspensivos. Es una rara sensación. La noche anterior ella estuvo aquí. Ahora parece a eones de distancia. Pleistoceno. Tan cerca y tan lejos. Eterno tira y afloja. Pero a veces no soporto el juego. A veces no es divertido. No te ajunto. No te digo. A la tarde estuve leyendo. Algo que me resultó curioso. Comparto muchísimos ra...

Ricky Martin y la mermelada

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(Ricky Mari-trini el que no la escuche) Ricky Martin contempló melancólicamente las amplias laderas de su dominio que se extendían ante sus ojos y se dijo a sí mismo: “antes, todo esto era armario”. Atrás quedó su mayor momento de popularidad, que no fue, como se cree, cuando cantó “La copa de la vida” para el mundial de fútbol de Francia ni cuando llenó el Madison Square Garden tres noches seguidas con su “Livin’ la Verga Loca”. En absoluto. Su cima mundial la alcanzó aquella noche que participó en el programa “Sorpresa, Sorpresa” de Isabel Gemio, durante el cual la pasión se desató entre una adolescente rijosa y un can ávido de mermelada. Aquella anécdota recorrió el mundo y el nombre de Ricky estuvo en boca de todos. Ya sabéis, él esperaba escondido en un armario (para variar) de la casa de una fan que, al acceder a la vivienda, debía ser sorprendida por tamaño artista internacional. ¡Vaya impulso que supuso aquel incidente tórrido para su carrera! Pero los designios del destino son...

El corifeo no tiene quien le escriba

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El corifeo no tiene quien le escriba. Rehén de la sombra, partenaire de la nada hueca que vive de las multitudes. Carne de neón. Como un fantasma sin atmósfera, su voz canta sin canción. Deambula por las calles desabridas de la noche esquiva, se pregunta, duda, siente más hondo lo que no siente: padece. Hace algún tiempo, en su vida, existía algo. No sabe bien el qué, pero fue algo que al perderse ha dejado un vacío. Un compartimento estanco imposible de completar sin alimentar una mentira auto infligida. Tal vez hubo amor. Quizá fue deseo, ternura, bajas pasiones. Algo que expresaba un alma de la que hoy carece. Nada dura en la vida. Tan sólo conservamos los pedazos de lo que una vez tuvimos. El corifeo se extravía por las avenidas, los parterres del tiempo perdido, el sustrato baldío de un huracán interior que no cesa. Prevé la tormenta pero ansía desatarla. Mira los rostros, espectros anónimos, sin estampa. Apura los licores ambiguos que abren interrogantes en el futuro inmediato. C...