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La piedra

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Como ya sabéis, la piedra es el único mineral que tropieza dos veces con el mismo hombre. (Y no me refiero a la señorita Lucía Lapiedra, pero quedaría fetén también la frase, jejeje...)

A lo suyo

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En esta vida todo el mundo va a lo suyo menos yo, que voy a lo mío.

No sé qué más, ¡chapter Tree! (¡capítulo arbóreo!)

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(¡Dale al play antes de leer para ambientar, calamar!) Ah sí, Leñe. Me desperté en la cama empapado. Y también sudando. Me limpié con las sábanas, como mandan los cánones del savoir faire post-seminal. Luego recordé la trágica historia del tío Eufrasio, que tuvo un viaje astral del que jamás regresó del todo debido a la trágica ingestión de una chufa lisérgica que le tuvo quince años en estado vegetativo y expresándose sólo en bable los días de luna llena en los años astrales de la rata diabética del Uzbekistan. ¡Menudo viaje! Mi madre, Suetonia, siempre nos metía miedo con aquella cercana historia familiar para que no experimentáramos con las drogas. Por lo que pudiera pasar. Al final tiramos por lo seguro. Rehusamos la lisergiquez. Yo me aficioné a esnifar caspa soriásica de las hombreras de mis ídolos rock cuando asistía a sus conciertos y mi hermana, Genitales, se inyectaba emulsión de salsa pil pil en las venas varicosas de glúteos y papada. Para tentar al vértigo celulítico, sup...

Nos asfixiamos

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(Dadle al play y esperar la música antes de la lectura) Para ver si seguían dormidas, me asomé cuidadosamente por la ranura de la puerta entreabierta. Nada sucedía al otro lado. Incertidumbre. Discernimiento. Verdad estrellada y evaporación de sueños. Era una cálida noche estival. Podía escuchar el rumor del oleaje al concurrir a su cita eterna con las orillas. Pero era otoño en mi corazón y poco importaba. Una ternura arpegiada, como de guitarra española, auspiciaba los atonales acordes de mi pensamiento, mientras el salitre se adhería a la mirada. Mi mirada, sobre la barandilla, auscultando con preocupación el oscuro lino que abriga la marejada. Y sí, seguían dormidas: mis esperanzas. Hubo un tiempo en que preferí el rubor de otras mejillas, de todas las mejillas. La sinuosidad de otras caderas, la diáfana rectitud de otras regiones sacras, acuclilladas. La lasciva explicitud de la armoniosidad desflorada, cualesquiera tentaciones fueran y por doquiera manaran. En alguna otra ocasión...

Amor hasta el final

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Remuneración amatoria

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Si yo cobrara mil euros por cada polvo no sería rico, sería virgen.

Cien años de sobriedad

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Acendrado discurso de soledad y de vacío. Y el vacío, tolerado, indemne de los callejones últimos de la noche que nos circundan y acompañan en los regresos, fértiles de orfandad, filigrana de llanto, locura y esperpento. Ceremonial absurdo del recuerdo incompleto, desfigurado, trasunto encubridor de no tan buenos tiempos. Luces ganadas al crepúsculo de los sueños. Maleficio de sábanas, licores, pobres filtros eludidores de angustia. Santuarios ungidos de metanol y hedor humano; légamo espeso en los bajos del afecto. Libaciones errantes que nos vierten en las avenidas del abandono. Baldía persecución cinegética, matasellos límbico de absurdo tatuado en nuestro pecho quebradizo, débil, inerme. Rondador barato de la expectativa. Y luego asoma la certeza flagrante de todo lo que no habrá de llegar, con carácter inmediato, al menos. Interminables jornadas de destilación, ajeneidad y cuestionamiento. Dubitación, hastío. Replanteamiento. Desarrollo de la novela que nos reescribe a cada movi...