Cortarse el nabo
"¿Qué hay más allá de esta ventana, cubierta de gotas y vapor de vacío?" -se dijo. Sintiendo el vano envés del ancho mundo, la sima que apresa por los huevos al que pretende soslayar la tristeza y la ración de soledad que nos ha sido asignada, decidió que ya no quería seguir intentándolo. Para qué tanto amor. Para qué tantos amigos. Para qué tantos proyectos. Para qué tantas esperanzas. Para qué esa eterna búsqueda. Nuestra vida como macabro juego de apilar pedazos de lo que ya no podremos reconstruir. Venimos solos y nos marchamos más solos todavía. La clave consiste en aceptar esto y no perder las ganas de seguir apostando. Su corazón había dejado de luchar, acaso de palpitar, como vagina triste sobreexplotada de meretriz recental. Que la vida carezca de sentido es lo que hace que podamos elegir seguir vivos. Suspiró. Sin quererlo, una lágrima rodó por su barba de oso en extinción, cercado por una civilización agotada, que moriría matando. Recordó el sol de otoño, cuando p...