Entradas

Mostrando entradas de febrero, 2011

Canibalismo estético, de Francisco Umbral

Imagen
Canibalismo estético, Francisco Umbral. Solo robando de otro se aprende a escribir, y, por eso, la literatura está entre los delitos comunes. El estilo es una cosa de juzgado de guardia. A la burguesía y a los críticos burgueses siempre los han ofendido los estilistas como cosa personal, y los denuncian en la comisaría. Críticos como Clarín necesitan novelistas como Galdós. Prefiero el robo a la influencia. El robo y el asesinato. La literatura se erige sobre un crimen o no es verdad. El robo o el asesinato de otro autor es lo que puede nutrir de sangre y adjetivos toda una obra. Toda gran obra es un botín múltiple. Al artista le está permitido llevarse el oro de los palacios, siempre que no lo empeñe al día siguiente en Veguillas, sino que haga, de un tenedor, una miniatura a lo Cellini.

Daos por jodidos

Imagen
(Dadle al play y esperad la música como sometimiento al texto) Campos. Campos y más campos. Los atravieso. Me atraviesan. Trigales. Doradas laderas. Fuliginosos despojos al viento. Asfódelos meciendo. Mausoleos reverdecidos, poseídos por una fina pátina de abandono como mosaicos tardoromanos pervertidos por la intemperie. Escalinatas agrestemente usurpadas, praderas como apéndices vegetales mercadeadas ante los emisarios que acarrean el tiempo que desbrozadamente desacompasamos de nuestro lado; en vano. Un horizonte eterno. Vasto como matriz de ballena azul, como bocata de lentejas, como rabo hirsuto de sumerio, como desengaño infinito llenando una y otra vez de tedio infinito nuestras aspiraciones a ser queridos de una maldita vez como verdaderamente quisiéramos. Pero, ¿cuánto tiempo ha sido? ¿Cuánto ha pasado, maldita sea? Cuánto desde la última risa sincera, cuánto desde el último gran orgasmo que nos atraviesa como una flecha extemporánea, que resucita los ancestros defenestrados, ...
Imagen
Caperucita Roja se casó con el príncipe azul: fueron felices, comieron perdices y... tuvieron un hijo violeta.

Qué bonito era nuestro amor

Imagen
(Escuchar antes de usar) Qué bonito era nuestro amor, ¿te acuerdas? No sé ni cuántos años fueron, cuántos años han pasado desde entonces. Toda una vida, supongo. Todo lo bueno se parece en que pasa demasiado pronto. En que no tiene la opción de quedarse para dar algún sentido duradero a todo esto. A toda esta inmundicia que nos habita a cada podrido segundo. La posesión del vacío que nos lacera por idiotas. Por ingenuos. Y era un amor puro, verdadero, auténtico, ¿no crees? No había limitaciones, miedos, barreras, pasados, futuros, tragedias pretéritas. Lo dábamos todo y nos consumíamos a cada momento. Nos drogábamos. Bebíamos. Fumábamos. Follábamos, partícipes del ultraje dilecto. Nos degradábamos. Yo me untaba de coca la polla para hacer daño. Tú esnifabas como una funambulista sin red, repasando el contorno, los límites del abismo. Decías que la coca te sentaba bien porque inhibía tu reflejo faríngeo. Permitía eludir la arcada, y que entrara lo que entrara. También experimentamos la ...