La noche oscura del alma
La moribunda imagen desamparada de una esperanza que se pierde tras la noche oscura del alma. Chet Baker transitando por el mundo, casi flotando. Como un espíritu extirpado de un cuerpo que ya no era capaz de habitar. Vivo pero muerto. Sin agallas. Sin polla. Sin nada que hacer salvo esperar algo indefinido e improbable. Marchitarse despacio asistiendo a esta grotesca tragicomedia que es la vida. Mirada sin vida tras las oscuras cuencas de los ojos; apagadas. Esta turbia distorsión del tiempo jodiéndose a nuestras almas sin un mal beso. Perdámonos: “Let’s get lost”. Nunca más nos encontremos. No sirve de nada. Tarde o temprano vuelve la desesperación. Aguja certera que apuñala a un corazón medio derrotado. Desangrado. Henchido de no gloria. Chet era un cadáver. Muerto pero vivo. Más vivo que la mayor parte de todos los imbéciles que nos atrevemos a llamar existencia a esta montaña de mierda que alimentamos cada día con nuestra mediocridad consentida. Un fugitivo de esa atemporal casa d...