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Mostrando entradas de noviembre, 2010

El atlas infinito de un mundo troceado

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(Dadle al play, ¡mentecatos!) Allí estaba. Frente a mis ojos. Con el aplomo de una evidencia sangrante. Destilando el prurito de una estupidez atroz: el atlas infinito de un mundo troceado. Viviseccionado. Contaminado de anodinia. Gente entrando, saliendo. Andando. Jodiendo para aminorar la tristeza. Aplacando el rugiente olvido. Solazando su palmaria derrota. Lo que no logramos ser. Lo que no somos. Esperando. Igual que yo. Aguardando no sé bien qué que nunca terminaba de tener lugar. Hacía un frío del demonio y yo estaba en un banco de un pseudo parque, mascando el vacío inconfundible. Centinela del minuto desperdiciado. De la ocasión contrahecha. Pensaba en muchas cosas. Como siempre. En aquel lugar donde sólo germinaban hierbajos deslucidos yo revisitaba esquemas mentales ajados. Había bajado pensando en hacer fotografías a la seductora decadencia de unas atracciones pobres, de pueblo, que habían dejado allí empaquetadas, olvidadas, al abrigo de un invierno áspero como corazón de p...

No sé qué más

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(Que le deis al play antes de leer, ¡zangolotinos! ¡Sus lo tengo dicho!) Con suma delicadeza me la cogí y traté de no echar ninguna gota sobre la tapa. Lo conseguí fácilmente echando todo fuera. Mi madre estaría orgullosa (si me hubiera abortado retroactivamente al ver mi careto salir). Luego me limpié la última gotita en el calzoncillo como mandan los tratados de buenas maneras. No es casual que luego se queden amarillentos por la zona esos slips remeados en un bucle sin fin. Salí de mi propio autorretrete y me sacudí la huevada profusamente. Me sentía fresco, puro, habano, tabaco de pipa. Por fin la vida comenzaba a sonreírme. Me había hecho una camiseta con la que sólo podía triunfar: NENA, AHORA QUE AL FIN ME HE RECUPERADO DE ESA MALDITA GONORREA, ESTOY LISTO PARA TU AMOR. Todo parecía resuelto y en orden. Mi endocrino me había dado tres semanas de vida. No entendí muy bien cómo había adquirido el don de alargar la vida de sus pacientes a su antojo, pero decidí no hacer preguntas y...

Para otros, que puedan merecerlo…

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(Dale al pleis y no te quites el jerseys) Me reconocerás. Cariño. Soy aquel que te prometió que te correrías cien veces en una y mil noches, pero nunca lo cumplirá. Nunca estará allí para verificarlo, para volverlo cierto… Sabrás quien soy cuando atisbes el vacío imperativo de la soledad inenarrable que me conduce en los días presentes y persigna mis desalientos inconexos. Tantas cosas he prometido que nunca sucederán. Hay barras de pan, aquellas de Dimitri, compradas para un condumio irreal con un pasado caduco, inenarrable, irredento. Serán otros los que acudan a la llamada, indiferentes a la melancolía infinita de éste pasado inencontrable. Prestos al pulso cerval del exceso inafecto; directo. Carente de protohistoria, de pudor, de prebendas consagradas a un tiempo incierto… ¿Sabes…? yo te quería. Y aún te quiero. Es muy duro decir adiós a quien aún sigues amando contraversalmente, de algún modo, a sotavento, y tal vez no olvides. Somos retales que aunan un desierto… Ando, claro, no...

Sin saberlo

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(¡Uy esta qué gonita! ¡Tonto el que no la escuche!) Cuando en mitad de la noche la lluvia golpea contra las ventanas. Cuando la tenaz oscuridad recorre las avenidas solitarias de esta tristeza que no cesa. Cuando soy consciente de que nunca volveré a ser ese niño extraviado en algún lugar de un tiempo que nunca se avocaba a transcurrir. Cuando entiendo que lo que ha quedado atrás no podrá ser recobrado. Nunca los errores subsanados; expiados los pecados. Cuando un viento frío zarandea caprichosamente las puertas mal engrasadas en las que chirrían los goznes oxidados que sostienen a duras penas mi alma. Entonces es momento de concebir que todo está lleno de olvido, de pérdida, de derrota silenciada por los portavoces del gobierno de la nada. Es este firmamento quebrado en el horizonte último de la locura, soslayada inútilmente. Es este hoy inhumano en el que tantos porfiamos contra un futuro perpetuo que algún día nos engullirá sin remedio. A veces siento que escribo como el que evita u...

Novembre toute l'annee

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(¡Uy esta qué fermosa! ¡Los pezones pa rallar chopped!) Llegó a la habitación, le dieron el pijama azul celeste y se sentó abatido en la silla. Nadie fue a verle. Dormía, comía, paseaba por los pasillos y se sometía pacientemente a una tristeza que le iba devorando el alma. La clepsidra del tiempo, que siempre creyó infinito, oprimía su psique como el cordel ase el vientre de la peonza. Tantas veces se había dicho ya lo haré. Más adelante. No tengo previsto morirme a corto plazo. Albergamos la ilusión de un cierto control. Espejismo de poder sobre algo. Pero somos marionetas bajo cuerda de un prestidigitador caprichoso e inconstante. Somos guardianes de nuestra fragilidad; orfebres de nuestra inconsistencia. Custodios de una degradación que no cesa. Testigos de un atardecer infinito con final fundido en negro. Una enfermera le traía la bandeja del desayuno. Un rato después se la llevaba. Cómo se encuentra hoy, le preguntaba. Termíneselo todo, no me haga enfadar. Y no decaiga, que la pr...