El atlas infinito de un mundo troceado
(Dadle al play, ¡mentecatos!) Allí estaba. Frente a mis ojos. Con el aplomo de una evidencia sangrante. Destilando el prurito de una estupidez atroz: el atlas infinito de un mundo troceado. Viviseccionado. Contaminado de anodinia. Gente entrando, saliendo. Andando. Jodiendo para aminorar la tristeza. Aplacando el rugiente olvido. Solazando su palmaria derrota. Lo que no logramos ser. Lo que no somos. Esperando. Igual que yo. Aguardando no sé bien qué que nunca terminaba de tener lugar. Hacía un frío del demonio y yo estaba en un banco de un pseudo parque, mascando el vacío inconfundible. Centinela del minuto desperdiciado. De la ocasión contrahecha. Pensaba en muchas cosas. Como siempre. En aquel lugar donde sólo germinaban hierbajos deslucidos yo revisitaba esquemas mentales ajados. Había bajado pensando en hacer fotografías a la seductora decadencia de unas atracciones pobres, de pueblo, que habían dejado allí empaquetadas, olvidadas, al abrigo de un invierno áspero como corazón de p...