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Mostrando entradas de 2010

La noche oscura del alma

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La moribunda imagen desamparada de una esperanza que se pierde tras la noche oscura del alma. Chet Baker transitando por el mundo, casi flotando. Como un espíritu extirpado de un cuerpo que ya no era capaz de habitar. Vivo pero muerto. Sin agallas. Sin polla. Sin nada que hacer salvo esperar algo indefinido e improbable. Marchitarse despacio asistiendo a esta grotesca tragicomedia que es la vida. Mirada sin vida tras las oscuras cuencas de los ojos; apagadas. Esta turbia distorsión del tiempo jodiéndose a nuestras almas sin un mal beso. Perdámonos: “Let’s get lost”. Nunca más nos encontremos. No sirve de nada. Tarde o temprano vuelve la desesperación. Aguja certera que apuñala a un corazón medio derrotado. Desangrado. Henchido de no gloria. Chet era un cadáver. Muerto pero vivo. Más vivo que la mayor parte de todos los imbéciles que nos atrevemos a llamar existencia a esta montaña de mierda que alimentamos cada día con nuestra mediocridad consentida. Un fugitivo de esa atemporal casa d...

De algún modo

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(Dale al play antes de leer si quieres entender) Míralos correr. Como si la vida tuviera algún sentido. Míralos empaparse. Perdidos en su absurdo devenir. Bajo la lluvia. Presas de una confusión que no cesa. Sombras en la noche. Como todos nosotros. Mientras ellos gritan y arman alboroto, sé que ella aún sueña conmigo. Yo miro al cielo y espero al sentimiento que nunca llega. Cuando ella me llama me recuerda que me gustaría ser más fuerte. Pero sigo asustado por mis monstruos. Los de siempre. Son tantos. Miro al cielo. Su oscuridad, tan triste. Miro, pero no consigo ver nada. Sabes que no puedes llamarme ahora. No estando tan lejos de mí. Ojala pudiera ser mas fuerte. Pero habito mi propia aflicción, de la que tal vez nunca sepa escapar. Como un interno desquiciado inicio la huida atropelladamente. Recorro los pasillos, las galerías, inmerso en la noche, en el ocaso de mi precaria conciencia. Temo tanto la oscuridad que tal vez me lance a ella para defenestrar la demora. Hace semanas q...

Nada es original

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«Nada es original. Roba de cualquier lado que resuene con inspiración o que impulse tu imaginación. Devora películas viejas, películas nuevas, música, libros, pinturas, fotografías, poemas, sueños, conversaciones aleatorias, arquitectura, puentes, señales de tránsito, árboles, nubes, masas de agua, luces y sombras. Selecciona sólo cosas para robar que hablen directamene a tu alma. Si haces esto, tu trabajo (y robo) será auténtico. La autenticidad es incalculable; la originalidad es inexistente. Y no te molestes en ocultar tu robo, celébralo si tienes ganas. En cualquier caso, siempre recuerda lo que dijo Jean-Luc Godard: “No es de donde sacas las cosas, es en donde las pones.”» —Jim Jarmusch,The Golden Rules of Filming.

La vida

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(Oooh, ¡qué tierno! ¡está para comérselo..!) FRASE DEL DÍA: La vida es una enfermedad de transmisión sexual.

Seguir tirando

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(Dale al play primero o que te la muerda un carnero) Un frío de cojones. Un frío que desnuda el absurdo, como juez perspicaz desmantelando coartada de culpable. El mundo es quizá, de nuevo, un lugar extraño. Menesterosos ateridos guarecidos en cubículos de cartón, mirando a través del melancólico vestigio del presente pasado, aquellos que olvidaron que hay caminos sin retorno, que a veces hay que aprender a vivir extraviado de recuerdo. Esquiador fuera de pista protegido por el manto combo de la avalancha, cuando cesa. Un tipo sentado en el metro. Percute con los dedos de las manos sobre algo que parece un casco de moto entre sus piernas. Cuando me acerco ya no sé si es un casco. Si es un instrumento muy raro. Una mujer se para a observarle. No parece sonar, aunque yo no puedo saberlo por los auriculares; los ventriculares. El estruendo desacompasado que mesura mi tiempo tasado. Mi ilusión, mi esperanza, de algún modo yerma, vana. Irreal. Contrahecha. El parto triste de un niño concebi...

Líbranos del bar, himén.

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(Dadle al play antes de leer, ¡cenutrios!) Trasnochar. Ser malo. Excederse. Incontenerse. Ensalmuerarse hepáticamente. Proyectar valores transaminasales hasta el infinito y más acá. A quien madruga dios le ayuda. A quien trasnocha dios le empluma. Cuando nos sobrevienen estos pensamientos tan manidos, tan putrefactos de cotidianeidad, esas necróticas prospecciones de conciencia en las que se perjura que no se volverá a incurrir en los errores sempiternos, cíclicamente cometidos, nos sonreímos un poco. Así. De tapadillo. Tengo un familiar que más o menos una vez al mes, en su “estado” del Caralibro pone lo mismo: “no vuelvo a beber”. Yo os propongo un título alternativo que me parece infinitamente más realista y constatable de facto: “No vuelvo a vivir”. ¿Qué por qué os cuento esto? Pues primero porque esta noche he dormido más o menos lo que dura una siesta larga y no sé qué hacer para no fenecer. Bueno. Sí sé qué hacer. Verborrear. Y segundo porque no estáis ahí. Me consta que tengo, ...

El otro yo

(Dadle al play antes de leer, ¡espantasuegras!) El otro yo. El significante hueco, evadido. Lo que verdaderamente somos, aunque evitemos asumirlo. Carcasa baldía rehuyendo el desencanto como a la patria el proscrito. Can esclavo de su ineludible báculo. Paciente crónico de priapismo. Visionario enfermo de presciencia. Polizonte del vacío, tratando de permanecer vivo en el ancho Mar de los Sargazos: interfecto de un tiempo antiguo. Emisario de las profundidades. De lo imperfecto. Cincelador de lágrimas como surcos de olvido. Rapsoda del desaliento. Cronista del desatino. Juggernaut del ser querido. Equilibrista del tedio. Encantado de ser desconocido. Sístole sin diástole de corazón pretendido. Apócope de la verdad. Liaison de tus descuidos. Ése soy yo, el verdadero. No el otro. El fingido.

No sé qué más (chapter tú)

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(Dadle al play antes de leer, ¡perros Sarracenos!) ¡Ah, sí! Ya me acuerdo de qué más. Proseguí con mis reflexiones de ultrarumba. Se me iba a arreguñar el cacumen de tanto pensar del tirón. No sé por qué razón, evoqué la vez que más había llorado de tristeza en mi vida. Fue en el festival de Benicassitecaesporunpeñascomendrugo. Aún sentía, como celulitis en las anfractuosidades del alma, las lágrimas de dolor que me asaltaron cuando anunciaron por megafornica que se cancelaba la actuación de Donato y Estéfano. El camello que me vendió el peyote con el que intentaba sobreponerme de tan ominoso desajuste en el corazón me miró compasivo y me dijo: “Son cosas que pastan. En la pradera. Del dicho al hecho, berberecho. Be-derecho. Que sino te saldrá joroba. Y no querrás darle ese disgusto a tu madre, ¿verdad? Mal rollo. Luis XV”. Atendí a sus sabias palabras, me erguí ostentosamente y dejé de ser monárquico en el acto. Mientras, en algún otro lugar allende los suburbios de la ciudad, Honorat...

Oh Yes

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(¡Ya me diréis a qué leñes de play le vais a dar en este, jajaja! -risa bellaca.) Charles Bukowski - Oh Yes there are worse things than being alone but it often takes decades to realize this and most often when you do it's too late and there's nothing worse than too late. Muy buenas, querido hatajo de ignorantes que no leéis mi blog (y hacéis bien). Así pues, me entrego a disertaciones solitarias para pensar por escrito en un portal huérfano de audiencia, como debe ser. El día que la mayoría de tus amigos y conocidos se empiezan a interesar por lo que escribes, puedes estar seguro de que estás haciendo algo mal. Bueno, al turrón. ¿Cómo interpretáis este gran poema minimalista? Había un soplapollas engreído y beligerante, el General Douglas McArthur, que afirmaba que la mayoría de las contiendas bélicas se pierden por dos palabras, "demasiado tarde". Y bueno, luego estaba aquella película tan cojonuda, 2046, donde el personaje principal, (Cat)Chow, dice eso de, "E...

Derecho de ateísmo

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MIGUEL ÁNGEL QUINTANILLA FISAC Miguel Ángel Quintanilla Fisac es Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia El ateísmo no es una posición intelectual rara, feroz y anticlerical. Tampoco es una doctrina filosófica que necesite ser demostrada o justificada con argumentos refinados y abstrusos. Y desde luego, el ateísmo no es, en absoluto, una postura inmoral. Sin embargo, si uno escucha los mensajes que nos ha dedicado el Papa en su reciente visita a España, o los que propaló en Gran Bretaña, uno se lleva la impresión de que el mundo está realmente amenazado por una doctrina endiablada que defienden los ateos y laicistas. Los ateos actuales son personas bastante cultas, que respetan que haya otras personas a las que les guste adoptar creencias irracionales que ellos no comparten. En realidad, los ateos no tienen que esforzarse mucho en defender su posición intelectual; lo que sí les resulta complicado es entender que un creyente asuma como propiedades de la divinidad, y sin mayores ...

El atlas infinito de un mundo troceado

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(Dadle al play, ¡mentecatos!) Allí estaba. Frente a mis ojos. Con el aplomo de una evidencia sangrante. Destilando el prurito de una estupidez atroz: el atlas infinito de un mundo troceado. Viviseccionado. Contaminado de anodinia. Gente entrando, saliendo. Andando. Jodiendo para aminorar la tristeza. Aplacando el rugiente olvido. Solazando su palmaria derrota. Lo que no logramos ser. Lo que no somos. Esperando. Igual que yo. Aguardando no sé bien qué que nunca terminaba de tener lugar. Hacía un frío del demonio y yo estaba en un banco de un pseudo parque, mascando el vacío inconfundible. Centinela del minuto desperdiciado. De la ocasión contrahecha. Pensaba en muchas cosas. Como siempre. En aquel lugar donde sólo germinaban hierbajos deslucidos yo revisitaba esquemas mentales ajados. Había bajado pensando en hacer fotografías a la seductora decadencia de unas atracciones pobres, de pueblo, que habían dejado allí empaquetadas, olvidadas, al abrigo de un invierno áspero como corazón de p...

No sé qué más

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(Que le deis al play antes de leer, ¡zangolotinos! ¡Sus lo tengo dicho!) Con suma delicadeza me la cogí y traté de no echar ninguna gota sobre la tapa. Lo conseguí fácilmente echando todo fuera. Mi madre estaría orgullosa (si me hubiera abortado retroactivamente al ver mi careto salir). Luego me limpié la última gotita en el calzoncillo como mandan los tratados de buenas maneras. No es casual que luego se queden amarillentos por la zona esos slips remeados en un bucle sin fin. Salí de mi propio autorretrete y me sacudí la huevada profusamente. Me sentía fresco, puro, habano, tabaco de pipa. Por fin la vida comenzaba a sonreírme. Me había hecho una camiseta con la que sólo podía triunfar: NENA, AHORA QUE AL FIN ME HE RECUPERADO DE ESA MALDITA GONORREA, ESTOY LISTO PARA TU AMOR. Todo parecía resuelto y en orden. Mi endocrino me había dado tres semanas de vida. No entendí muy bien cómo había adquirido el don de alargar la vida de sus pacientes a su antojo, pero decidí no hacer preguntas y...

Para otros, que puedan merecerlo…

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(Dale al pleis y no te quites el jerseys) Me reconocerás. Cariño. Soy aquel que te prometió que te correrías cien veces en una y mil noches, pero nunca lo cumplirá. Nunca estará allí para verificarlo, para volverlo cierto… Sabrás quien soy cuando atisbes el vacío imperativo de la soledad inenarrable que me conduce en los días presentes y persigna mis desalientos inconexos. Tantas cosas he prometido que nunca sucederán. Hay barras de pan, aquellas de Dimitri, compradas para un condumio irreal con un pasado caduco, inenarrable, irredento. Serán otros los que acudan a la llamada, indiferentes a la melancolía infinita de éste pasado inencontrable. Prestos al pulso cerval del exceso inafecto; directo. Carente de protohistoria, de pudor, de prebendas consagradas a un tiempo incierto… ¿Sabes…? yo te quería. Y aún te quiero. Es muy duro decir adiós a quien aún sigues amando contraversalmente, de algún modo, a sotavento, y tal vez no olvides. Somos retales que aunan un desierto… Ando, claro, no...

Sin saberlo

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(¡Uy esta qué gonita! ¡Tonto el que no la escuche!) Cuando en mitad de la noche la lluvia golpea contra las ventanas. Cuando la tenaz oscuridad recorre las avenidas solitarias de esta tristeza que no cesa. Cuando soy consciente de que nunca volveré a ser ese niño extraviado en algún lugar de un tiempo que nunca se avocaba a transcurrir. Cuando entiendo que lo que ha quedado atrás no podrá ser recobrado. Nunca los errores subsanados; expiados los pecados. Cuando un viento frío zarandea caprichosamente las puertas mal engrasadas en las que chirrían los goznes oxidados que sostienen a duras penas mi alma. Entonces es momento de concebir que todo está lleno de olvido, de pérdida, de derrota silenciada por los portavoces del gobierno de la nada. Es este firmamento quebrado en el horizonte último de la locura, soslayada inútilmente. Es este hoy inhumano en el que tantos porfiamos contra un futuro perpetuo que algún día nos engullirá sin remedio. A veces siento que escribo como el que evita u...

Novembre toute l'annee

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(¡Uy esta qué fermosa! ¡Los pezones pa rallar chopped!) Llegó a la habitación, le dieron el pijama azul celeste y se sentó abatido en la silla. Nadie fue a verle. Dormía, comía, paseaba por los pasillos y se sometía pacientemente a una tristeza que le iba devorando el alma. La clepsidra del tiempo, que siempre creyó infinito, oprimía su psique como el cordel ase el vientre de la peonza. Tantas veces se había dicho ya lo haré. Más adelante. No tengo previsto morirme a corto plazo. Albergamos la ilusión de un cierto control. Espejismo de poder sobre algo. Pero somos marionetas bajo cuerda de un prestidigitador caprichoso e inconstante. Somos guardianes de nuestra fragilidad; orfebres de nuestra inconsistencia. Custodios de una degradación que no cesa. Testigos de un atardecer infinito con final fundido en negro. Una enfermera le traía la bandeja del desayuno. Un rato después se la llevaba. Cómo se encuentra hoy, le preguntaba. Termíneselo todo, no me haga enfadar. Y no decaiga, que la pr...

Cáncer

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Ella entró en mi vida de improvisto, enfermándola. Intenté todo para subsanar el daño. Intenté extirparla. Pero fue mi cáncer y el tejido necrosado del tiempo que tuvimos juntos me acompañará por siempre. No importa cuánto lo intente. Lo que viene de la oscuridad regresa siempre a las tinieblas.

Esta nada sin tregua

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(El que no le de al play... ¡gay!) El cantante melancólico, en su habitación. Escuchando una canción de Gloria Estefan. Lágrimas como pétalos cercenados de sus ojos. Lo que no tenía claro era si acudían a sus ojos por haberse emocionado o por estar escuchando a Gloria Estefan en la intimidad. ¿Tristeza o vergüenza propia? Jamás confesaría tamaño desliz emotivo. Cogió la guitarra y comenzó a sacar los acordes de la canción. En poco tiempo aprendió la estructura. Atendió después a la letra, víctima de su desamparo interior. De la angustia de saberse conmovido ante semejante mariconada. Parecía mentira que se emocionara escuchando cosas así. Se estaba haciendo viejo. Perdía facultades. Se reblandecía. Como un sabañón largo tiempo en remojo, su integridad se desmoronaba. “Tengo una frase colgada entre mi boca y mi almohada que me desnuda ante ti”. Vaya, se dijo, o sea que Gloria es una muerdealmohadas de las buenas. Le va la mandanga. Y el bueno de Emilio (pensando bien), todo un soplacuel...

Pajaritos

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Pío, pío. Que yo no he sido. Pío. Pío. Pajaritos. El disturbio que no cesa. Niños que no descansan. Vehículos que nunca se detienen. Mañanas que no hallan fin si no desnudan el ocaso en pos de una nueva alborada. Muerte en la carne. Cirrosis en las circunvoluciones varadas de un espíritu hueco. Desconcierto en los compartimentos viciados del alma. Bebo, luego insisto. Afónico de cantar Camilo Sexto. Me repito. Palimsesto. Del sentido trágico de la bebida. Destierro hepático. Tártaro en vida. Deceso de frenopático. Objetor de cogorza. A beber que son dos días. A veces siento un pinchazo. No me doy por aturdido. Pero no en la conciencia ni en el alma, sino en el costado. Si es el derecho, estás jodido porque es del hígado. Si es en el izquierdo como en mi caso peor, porque ahí está el páncreas, y eso no se opera. Es el laboratorio del cuerpo. Si falla, cuando te quieres dar cuenta estás en una urna y te esparcen al viento. Con un poco de suerte puedes meterte en los ojos de algún peatón...

En mi sueño siempre es verano

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(Trucha el que no escucha) En mi sueño siempre es verano. Está ese sol, enorme como llaga de corazón harto de desamor. Ese salitre imperante. Esa brisa que desnuda el alma del vencido antes de presentar batalla. Esa armonía cosificada, ese equilibrio inexistente. Esa inmortalidad quebrada. Nebulosa. Algo parece viciado en el engranaje, de tan puro. Por eso es un sueño. Por eso es la realidad. Otra realidad. Todo es inconexo de un modo hermoso, trágico. Tal vez sea el encanto funesto de lo que podría haber sido. El sonido de las olas meciéndose suavemente sobre el añil manto del mar en calma. Iniciando el ceremonial decadente de las mareas que comienzan en el zócalo de nuestro dolor más íntimo y encuentran su muerte en el litoral de los porvenires más equívocos. En aquel sueño no existían barreras. Lo nuestro era posible de un modo natural. Nuestros turbios negocios. Oscuro objeto de deseo ser tuyo. Desgárrame. Destrúyeme. Jode las barreras. Hagamos una construcción de nuestra destrucc...

Tiovivo

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(¡Dale al reproductor, moñigo de alcanfor!) Una luz resplandeciente. Impróvida. Durante un haz de tiempo la habitación se ilumina. Después se apaga. Probablemente algún coche cruzando a gran velocidad. Tumbado en la cama, en silencio. Esperando. En ocasiones la vida es eso. Tantas veces. Es salir con certeza de Nochevieja esperándolo todo y nada. Y nada. Pues nada. Su cabello. Su olor. Su rastro. El vacío que deja dentro de uno cuando abandona las habitaciones. Es la tensa espera. El no sé bien qué, que no cesa. Tener o no tener. Lo que se ha ido perdiendo. Lo que nunca volverá. Lo peor del desengaño. Temer que al punto final de los finales no le sigan dos puntos suspensivos. Es una rara sensación. La noche anterior ella estuvo aquí. Ahora parece a eones de distancia. Pleistoceno. Tan cerca y tan lejos. Eterno tira y afloja. Pero a veces no soporto el juego. A veces no es divertido. No te ajunto. No te digo. A la tarde estuve leyendo. Algo que me resultó curioso. Comparto muchísimos ra...

Ricky Martin y la mermelada

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(Ricky Mari-trini el que no la escuche) Ricky Martin contempló melancólicamente las amplias laderas de su dominio que se extendían ante sus ojos y se dijo a sí mismo: “antes, todo esto era armario”. Atrás quedó su mayor momento de popularidad, que no fue, como se cree, cuando cantó “La copa de la vida” para el mundial de fútbol de Francia ni cuando llenó el Madison Square Garden tres noches seguidas con su “Livin’ la Verga Loca”. En absoluto. Su cima mundial la alcanzó aquella noche que participó en el programa “Sorpresa, Sorpresa” de Isabel Gemio, durante el cual la pasión se desató entre una adolescente rijosa y un can ávido de mermelada. Aquella anécdota recorrió el mundo y el nombre de Ricky estuvo en boca de todos. Ya sabéis, él esperaba escondido en un armario (para variar) de la casa de una fan que, al acceder a la vivienda, debía ser sorprendida por tamaño artista internacional. ¡Vaya impulso que supuso aquel incidente tórrido para su carrera! Pero los designios del destino son...

El corifeo no tiene quien le escriba

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El corifeo no tiene quien le escriba. Rehén de la sombra, partenaire de la nada hueca que vive de las multitudes. Carne de neón. Como un fantasma sin atmósfera, su voz canta sin canción. Deambula por las calles desabridas de la noche esquiva, se pregunta, duda, siente más hondo lo que no siente: padece. Hace algún tiempo, en su vida, existía algo. No sabe bien el qué, pero fue algo que al perderse ha dejado un vacío. Un compartimento estanco imposible de completar sin alimentar una mentira auto infligida. Tal vez hubo amor. Quizá fue deseo, ternura, bajas pasiones. Algo que expresaba un alma de la que hoy carece. Nada dura en la vida. Tan sólo conservamos los pedazos de lo que una vez tuvimos. El corifeo se extravía por las avenidas, los parterres del tiempo perdido, el sustrato baldío de un huracán interior que no cesa. Prevé la tormenta pero ansía desatarla. Mira los rostros, espectros anónimos, sin estampa. Apura los licores ambiguos que abren interrogantes en el futuro inmediato. C...

Crisis

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¡¡Que no panda el cúnico!! ¡El que no se consuela es porque no tiene mano! Y todos tranquilos. Dentro de cien años, ¡ni nos acordaremos de la crisis!

El mar y un cielo azul interminable

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El mar y un cielo azul interminable, inabarcable, estragante. El verano infinito. Salitre en la piel. Brisa fragante. Cabello mecido. Destellos de rayos solares inclinando nuestros párpados. Solaz. Donde las olas rompen es donde nace el suicidio cotidiano; todos los decesos son el mismo repetido. Ascender a la parte más escarpada de tu desolación y después, simplemente dejarte caer. Caer. Caer. Entonces era feliz. Es fácil ser feliz cuando no pasa nada. Ni el tiempo. El niño descubre el mar y exclama. El viejo regresa al mar y suspira. La ola torna espuma y se libera. La lágrima abandona el espectro y se sacraliza. El sueño frágil quiebra y germina el desvelo. Aún recuerdo, y la memoria es el tormento. El patrimonio último del viejo. Descenso.

Nadie

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A veces me gustaría ser tú, para no ser nadie.

Del desconcierto

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Membranas. Texturas. Cavidades. Los recuerdos de un escritor ausente. La maldita tristeza del tiempo. Ése engaño. Ésa rueca en el telar que no deja de girar sobre un eje enfermo. Treinta siglos de mentirosos. No dejan de brotar. Como hongos en verano, allí se les puede ver, medrando, contando sus mentiras, multiplicándose; como el odio cerval. Como el vacío. Todos mudos en realidad, subproductos de sí mismos. Copias de imitaciones. Reproduciendo las mismas ideas, llegando a idénticas conclusiones. Vaciando un todo inhábil con su nada cegadora. Afuera llueve. Las gotas golpean estúpidamente las superficies. Revierten contra el cristal esmerilado. Pero nada cambia. El cielo sigue siendo una promesa de herrumbre gris, un ancho manto de desespero. A veces sueño con ella. Entonces, viene a mí y me dice que fue un error. Que aún es capaz de albergar sentimientos. Que no es un jodido lagarto. Que espera que lo entienda, de algún modo, aunque ya sea tarde. Como si fuera posible. Sin rencores. ...

La tristeza

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La tristeza vive en una voz femenina anunciando estaciones sin nombre en el interior de un tren que hiende el corazón de la noche. La tristeza emana del cuarteto de cuerda interpretando “Por una cabeza” durante el banquete de boda que desnuda el atardecer. La tristeza cristaliza en ocasos como espinas. Incapacidad de conservar algo que trascienda al trámite del latido irrecuperable. La tristeza es un río de cauces imprecisos rayanos al desborde; que involucra el caudal de tu alma y la mía, que compromete el destino de nuestras riberas hoy unívocas, mañana, tal vez, escindidas en meandros distantes: Éste arenal en el que nos hundimos.

Declaración de Intenciones

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Bien. Heme aquí de nuevo. Después de bastante tiempo de mandar la escritura al carajo, resulta que me aburro y tengo que canalizar la ignominia de mi existencia de algún modo. Las redes sociales, el marca.com y tanta soplapollez con la que la gente malgasta el tiempo a mí me acaban alienando más que si me autolobotomizara por el bien de la humanidad. Necesito escribir. Es una de las cosas que te mantiene alejado de acabar cruzado en la vía del tren. Así que retomo la escritura, pero no con ansias de imprimir líneas inmortales ni trascender cuán pedo de monarca, sino para excretar tanta cosa que me pasa por la cabeza y no encuentra liberación. Liberémonos pues, truñemos palabras. Hagamos un templo a la excreción dorada. En realidad quiero escribir por deporte, para no anquilosarme, para retomar la prosa fácil, por entrenamiento. Un poco como el tipo que se mata a pajas todos los días para estar en forma el día que ligue y poder echar tres sin sacarla con una diosa del amor que no cobre ...